Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Intuitiva
Desde la razón (que es, valga la tautología, lo más razonable para explicarse los asuntos que nos acontecen) puede no tener el más mínimo interés. Mirar hacia atrás, darse cuenta desde una particular perspectiva de los motivos de los comportamientos humanos, es francamente relajante. Desde la razón el mundo se vuelve frío y eso es bueno para el alma de los burgueses como yo (o yo tengo una parte de burgués que no evito) porque permite meditar sobre las cosas desde, digámoslo así, cierta altura, con cierta ironía. Leo los acontecimientos de los hombres desde el futuro de esos hombres y siento penilla como cuando un niño pequeño suelta una ingenuidad que provoca hasta compasión. Figuras capitales como Arquímedes o Tales de Mileto o Ptolomeo III Evergetes o Zaratustra o el Hombre Anónimo que dejó, sobre la piedra de una gruta, inscrita su mano en rojo o la Autora de una parte de la Biblia, la cual vivió en el siglo X a.C., que escribió la denominada escritura yahvista (en oposición a la eloista) porque nombraba como Yahvé al Dios del Antiguo Testamento en vez de los anteriores que lo llamaban Eloi (aunque de nuevo haya ideas opuestas como la del historiador Harold Bloom que asegura que la escritura yahvista es anterior a la eloista. Bloom es también el que asegura que fue la mano de una mujer la que escribió este Antiguo Testamento).
Todos estos seres, tantos, tan lejanos. Con sus ideas. Con sus circunstancias. Desde ahí, digo, la curiosidad de que el otro día quedara con César y con Tere en la calle de Serrano, lugar por donde pasa -y pasaba- el autobús en el que iba al Instituto Santamarca: que luego César me llevara a casa de mi madre y que para ir atravesáramos primero la calle donde vivía Andrés, casa en la que transcurrió tanto y tanto de nuestra adolescencia y juventud, luego la calle donde viví con mi primera mujer, Naya, luego la calle donde vivieron los padres de César y él, y donde también pasamos muchas tardes, a continuación la casa donde vive mi hija y mi segunda mujer, y donde yo viví once años, y llegáramos, claro, a la casa donde nací y viví diez y ocho años de mi vida y me dejara luego en la casa de Pedro, donde vivo actualmente y que este recorrido no hubiera sido premeditado en absoluto y que, para más inri, al día siguiente, fuera a hacer la mudanza de las cosas que me quedaban en casa de mi última pareja, todo este recorrido involuntario, insisto, puede que no tenga interés desde la razón pero desde la intuición (esa otra gran forma de pensamiento humano) es rico, volcánico y atractivo. Desde la intuición el mundo se vuelve vigoroso y excitante. A veces pienso que el Arte no es más que la Historia del Pensamiento Intuitivo.
Todo ocurrió en veinticuatro horas. Todo se dio por una serie de casualidades curiosas: César y Tere no iban a estar en su casa al día siguiente (algo excepcional. Suelen estar casi todos los sábados del año) y me tenían que dar unas llaves para que pudiera entrar . Es a su casa a donde he trasladado todas mis cosas a la espera de tener casa propia. Al mismo tiempo tenía que ir a recoger el seguro del coche a casa de mi madre porque justo al día siguiente vencía el anterior y yo tenía que conducir. Llevamos a Tere a su coche que lo tenía en el aparcamiento del Auditorio Nacional. Y César y yo elegimos el camino más corto desde donde estábamos hasta donde teníamos que ir. Y de repente ambos nos dimos cuenta de que intuitivamente estábamos recorriendo una gran parte de los lugares donde ocurrieron hechos importantes de mi vida ( y de la suya, claro, somos amigos desde hace 32 años) justo el día anterior al que, definitivamente, abandonaba la casa que fue mi hogar durante cinco años.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/02/2010 a las 20:23 | Comentarios {0}


Texto extraído de la nota 2 del capítulo 5 del libro Ideas escrito por Peter Watson. La nota pertenece a un extracto de un texto de Mircea Eliade titulado, Patterns in comparative religion.


Sobre las Creencias (9)
Los khonds, una tribu dravídica de Bengala, ofrecían sacrificios a las diosas de la tierra. La víctima, a la que se denominaba meriah, era comprada a los padres o podía ser hija de anteriores víctimas. Los meriahs vivían felices durante años y eran considerados seres consagrados; contraían matrimonio con otras "víctimas" y se les entregaba un terreno como dote. Unas dos semanas antes del sacrificio, se cortaba el pelo de la víctima en una ceremonia a la que asistía todo el pueblo. A ello seguía una orgía y el meriah era conducido a una parte del bosque cercano aún no profanada por el hacha. Se le ungía con mantequilla derretida y otros aceites y flores, y luego se le drogaba con opio. Se le mataba ya fuera golpeándolo, estrangulándolo o asándolo lentamente en una pira. Luego se le cortaba en pedazos. Los restos se llevaban de vuelta a las aldeas cercanas, donde se los enterraba para garantizar una buena cosecha.

Ensayo

Tags : Sobre las creencias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/02/2010 a las 19:04 | Comentarios {0}


Herida
Damage (Herida se tituló la película en español. Damage en inglés se podría traducir como perjudicar, dañar. Damage en francés quiere decir apisonado/a. Aunque el título en Francia -la producción es británica- fue Fatale) de Louis Malle (1992). Las heridas. Los heridos. Anne Barton, la protagonista de la película, está herida. Sus heridas la conducen a la destrucción. Para ella amar es dañar (apisonar) -en última instancia- al sujeto amado. La heridas supuran cuando no cicatrizan.

Herido yo. Como lo sé ando con mucho cuidado. Debo -pienso- sanar las heridas. Siento que están sanando. Tengo muchas cicatrices en mi cuerpo: tres en el cráneo, una en la barbilla; tengo una larga cicatriz en el pubis -larga y dolorosa. Me operaron a los doce años de una criptorquidia en el testículo derecho. La cicatriz se infectó y con los puntos aún puestos, pocos días después de la operación, hube de ir con mi padre al cirujano, el doctor Tamames. Me tumbaron en la camilla. Me extrajeron el pus apretando la cicatriz. No me pusieron ningún tipo de anestesia. Mi padre me dijo, Los hombres no lloran. No lloré-; tengo cuatro cicatrices en mi pierna derecha: una abarca la parte posterior de la rodilla, otra recorre longitudinalmente toda la tibia, una tercera, más pequeña, se encuentra en el lateral derecho de los inexistentes gemelos, la cuarta recorre toda la articulación del tobillo. Quizá tenga otras tantas cicatrices en mi alma.

Si no cierran, se infectan y supuran. A veces cicatrizan bien y alguien te la abre de nuevo -a mí me ocurrió con la cicatriz que recorre longitudinalmente toda la tibia de mi pierna derecha. Llegó el día de quitarme la escayola. Tenía 14 años. El enfermero me avisó de que la sierra con la que iba a abrir el yeso funcionaba no cortando sino quemando. Antes de empezar me dijo, Cuando notes que está llegando, que sientes un poco de calor, avísame. Y empezó a serrar. Pronto sentí el calor y se lo dije y él me respondió, Pero si acabo de empezar, chico. No te acojones. Y siguió serrando. Y yo le avisé de nuevo. Y él, de malas maneras, paró y mientras decía, ¡Joder, mierda de acojonados!, la intentó abrir con unas tenazas y, en efecto, se abrió. El tipo me miró y me dijo, ¡Vaya, tenías razón! Al quitar la escayola vimos que me había quemado toda la piel de la cicatriz. Cuando mis padres entraron les dijo, Mira que le he dicho al chico que me avisara cuando sintiera calor y ni se ha enterado. Y miren el estropicio que ha armado por no avisar-.

Una vez cerradas las heridas, una vez cicatrizadas, la piel que las cubre es extraordinariamente suave, muy, muy delicada, parece a punto de quebrarse. Y si la toca alguien, alguien que no sea uno mismo, se siente grima en el ombligo como si esa mano tuviera el terrible poder de rajar la piel que cubre la cicatriz y descubrir de nuevo la herida.

Una sensación parecida siento cuando me tocan la piel de las cicatrices del alma.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/02/2010 a las 19:13 | Comentarios {1}


No entiendo la Teoría de Gödel y espero poder entenderla. No entiendo las cuatro gotas que han caído esta mañana ni el frío que hacía ni la frialdad.

Me he esforzado por acompasar mi nado al tiempo que llevaba sin nadar y lo he conseguido. No me era indiferente el agua y he agradecido su recorrido por mi cuerpo.

Me he sentido bien cuando, ayer, leyendo el estupendo ensayo Ideas. Historia intelectual de la humanidad de Peter Watson y editado por Crítica un gran paleontólogo esgrimía que la hipótesis de la existencia de un culto a una Gran Diosa femenina durante el Paleolítico Superior podría venir del hecho de que durante miles de años el hombre primitivo no relacionó el acto sexual con el nacimiento posterior y de esta forma la fecundidad era un misterio que engrandecía a la Mujer con respecto al hombre. Me he sentido bien, digo, porque este razonamiento lo tuve hace mucho tiempo. Lo había deducido. Lo había meditado.

La carretera estaba agradable. Apenas ha habido tráfico.

Me obligo a hacer una elipsis porque estoy contra la indiferencia.

Podría hacer una analogía.

Podría dar un rodeo.

Porque el tiempo pasa y acabaré muerto.

Seguiré...

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/02/2010 a las 19:32 | Comentarios {0}


Indiferencia
Recomiendan indiferencia.

A mí me parece, sin embargo, que lo que recomiendan no es eso. Lo que recomiendan en realidad es ignorancia.

Ante la dificultad indiferencia. A la indiferencia se llega si no se tienen expectativas. Luego no hay que tener expectativas.

Parece que la primera idea de lo que hoy llamamos Homo Sapiens se produjo hace entre 1,7 millones de años y 1,2 millones. Esta primera idea es la "estandarización" en la fabricación de las hachas de piedra. La produjeron los llamados Homo Erectus.

Yo imagino que si desde el principio la norma humana hubiera sido la indiferencia todavía estaríamos chocando una piedra contra otra a ver si se producía la lasca.

No es buen camino la indiferencia ni la falta de expectativa. Porque otra de las grandes ideas del ser humano es el experimento y en el experimento se producen dos opuestos a la indiferencia y la no expectiva: la inferencia y el resultado.

La agresividad ante el argumento en contrario. La pasividad a la hora de argumentar. La falta de argumento son caminos seguros hacia la animalidad.

Hay que inferir. Hay que experimentar. Porque esos caminos nos llevan al error y sobre el error se construye por mucho que nos duela y en nuestra soberbia nos avergoncemos.

Soberbia de creernos elegidos por Dios.

Soberbia por creer que Dios nos creó y no fuimos nosotros, ante nuestro terror, quienes creamos a Dios.

Otra de las grandes ideas del Homo Sapiens sería el alma.

La idea del Alma, la idea de Europa y la idea del Experimento son para Peter Watson tres hitos en la historia de la intelectualidad humana. La tres ideas son contrarias a la indiferencia y la ausencia de expectativas.

Seguiré...

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/02/2010 a las 13:53 | Comentarios {0}


1 ... « 76 77 78 79 80 81 82 » ... 93






Búsqueda

RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile