Del tener al ser de Erich Fromm. Editado por Paidos. Ed. 2011
¿Qué puedo yo saber de mí mismo mientras no sepa que el yo que conozco es, en gran parte, un producto artificial? Que la mayoría de la gente, incluido yo mismo, miente sin saberlo; que defensa significa guerra; deber significa sumisión; virtud, obediencia, y pecado, desobediencia; que la idea de que los padres aman por instinto a sus hijos es un mito; que la fama muy pocas veces se debe a cualidades humanas admirables, como tampoco a logros verdaderos; que la historia es un texto falseado por los vencedores; que la modestia excesiva no siempre es prueba de carencia de vanidad; que el amor es lo contrario del ansia y la codicia; que todo el mundo trata de justificar las malas acciones e intenciones aparentando que son nobles y benéficas; que la búsqueda de poder significa persecución de la verdad, de la justicia y del amor; que la sociedad industrial de hoy se orienta por el principio del egoísmo, del tener y consumir, no por los principios del amor y del respeto a la vida que proclama. A menos que pueda analizar los aspectos inconscientes de la sociedad en que vivo, no podré saber quién soy yo, porque no sabré qué parte de mí no es mía.
Del poemario Casa del poeta Raúl Morales editado por Vitruvio. 1ª edición 2010.
Fue duro el invierno. abrir los ojos y ver. la cicatriz en el pecho, el esternón de madera, los clavos del decir: tu pala apoyada contra la verja, la lámpara encendida, un puñado de diamantes, dinamita -era roja. olvidaste. tus cristales en mis ventrículos. donda nace la sangre. tus cristales, la ósmosis de tu cuerpo- me recuerdan lo que eres. el ruido de la pala -los huesos astillados.
Fue duro el invierno.
Se ha movido la flor -ya vuela el pájaro.

Apología de Raimundo Sabunde
Michel de Montaigne. Ed. de María Dolores Picazo. Edtorial Cátedra
[...] Más harto extraña es esta otra historia de la urraca, de la que responde el propio Plutarco. Hallábase en la botica de un barbero en Roma y reproducía maravillosamente con la voz todo cuanto oía; acaeció un día que unas trompetas detuviéronse ante la botica tocando largamente; después de aquello y durante todo el día siguiente, ved ahí a nuestra urraca pensativa, muda, melancólica, con lo que todo el mundo asombrado estaba; y pensaban que el son de las trompetas habíala aturdido y ensordecido, y que al tiempo que el oído habíase apagado su voz; mas resultó al fin que se trataba de profundo estudio y retiro en sí misma, por ejercitar su mente y preparar su voz para reproducir el sonido de las trompetas; de forma que su primer canto fue para expresar perfectamente sus arranques, sus pausas, sus matices, abandonando y despreciando por este nuevo aprendizaje todo cuanto sabía decir hasta entonces.

De Mercedes Sosa

Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo,
cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo.
Cambia el clima con los años,
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño.
Cambia el más fino brillante
de mano en mano su brillo.
Cambia el nido el pajarillo.
Cambia el sentir un amante.
Cambia el rumbo el caminante
aunque esto le cause daño.
Y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño.
Cambia, todo cambia.
Cambia, todo cambia.
Cambia el sol en su carrera
cuando la noche subsiste.
Cambia la planta y se viste
de verde en la primavera.
Cambia el pelaje la fiera,
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño.
Pero no cambia mi amor
por más lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo, de mi gente.
Y lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo
en esta tierra lejana.
Cambia, todo cambia.
Cambia, todo cambia.
cambia también lo profundo,
cambia el modo de pensar,
cambia todo en este mundo.
Cambia el clima con los años,
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño.
Cambia el más fino brillante
de mano en mano su brillo.
Cambia el nido el pajarillo.
Cambia el sentir un amante.
Cambia el rumbo el caminante
aunque esto le cause daño.
Y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño.
Cambia, todo cambia.
Cambia, todo cambia.
Cambia el sol en su carrera
cuando la noche subsiste.
Cambia la planta y se viste
de verde en la primavera.
Cambia el pelaje la fiera,
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño.
Pero no cambia mi amor
por más lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo, de mi gente.
Y lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo
en esta tierra lejana.
Cambia, todo cambia.
Cambia, todo cambia.
Las máscaras de Dios. Joseph Campbell. Volumen 1º. Mitología Primitiva. Editado por Alianza Editorial, 1991.
Uno de los problemas principales del hombre, filosóficamente, es el de reconciliarse en sentimiento, así como en pensamiento con la monstruosidad del mundo tal cual es.
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Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/04/2012 a las 21:19 |
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