Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Cos de materia I taques taronges. Antoni Tapies 1968
Cos de materia I taques taronges. Antoni Tapies 1968
¿Es sólo un día más? Vendrán más días y se añadirán y se hará una bola tan grande como las que hacen los niños cuando se niegan a tragar un bolo alimenticio.
¿Soñará que filetean su hígado y tiene tiempo de ver cómo lo ponen sobre una parrilla y llega a sentir el dolor de su víscera asándose?
¿Terminará por admitir que está loco? ¿Admitirá por fin que la infancia es la única cárcel de la que no se puede escapar? Se mirará frente al espejo y se dirá: la infancia es una cadena perpetua.
Parece que el mundo no quería dejarle descansar.
Hubo un tiempo en que creyó que el buen dios, por fin, le había acariciado la coronilla y con un leve y cariñoso empujón le había animado a seguir su camino. Hubo un tiempo en el que ante la lluvia sonreía. Hubo un tiempo en el que el porvenir estaba a la distancia de un minuto. Hubo un tiempo en el que creyó a pies juntillas que la vida era un trasunto cordial del folclore irlandés.
Ahora se levanta y el cuerpo le duele y siente la desdicha como si fuera una uña de su pie izquierdo, una uña que se ha vuelto callosa y le duele cada vez que apoya, cada vez que da un paso. ¿No quisiera dar más pasos? ¿Es sólo un día más en el que las nubes más grises que el infierno, el viento que más parece aliento de Cerbero que soplo de primavera, el frío y la humedad que traspasan con facilidad los muros le están dirigiendo hacia el acantilado contra el que un mar color verdemoco se estrella furioso, echando espumarajos por sus olas, espumarajos blancos como las flemas que recogía de su padre y que se desparramaban, pobre mío, por sus manos? ¿Realmente es éste el misterio, la dulce balada de otoño, la mano larga y sin callos de una muchacha de ciudad, los cabellos bien peinados de un muchacho con los labios propios de la juventud? ¿Deberá detenerse y volver a mirar algún cuadro que sea una alegoría de la vanitas para que él, de nuevo, se someta, humille la cerviz y desee que esto pase pronto, que la nada le cubra y nada por fin sea, así la gota lo es en el océano, así la escarcha lo es cuando sale el sol y llega el mediodía? ¿Habrá de lamentarse un día más? ¿Habrá aprendido que la tarde será callada y los muertos no se revuelven en sus tumbas y la mirada azul y verde de C. reposa en su cerebro como pudiera en la mente de Verlaine reposar el recuerdo de una mano de Rimbaud?
Se hacía el silencio. La pirámide, dedujo, estaba truncada. No sabía cómo había llegado a esta situación en la que una ausencia se convierte en un arma. Ya no quería pensar más. Ya no quería indagar más. Ya no quería sentir esa contracción a la altura del diafragma. Sólo deseaba que la mente -esa loca que habita en el mundo de cada ser- se callara. To die, to sleep,/ to sleep ... perchance to dream (Hamlet. Acto III. Escena 1ª).
 

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/04/2025 a las 13:18 | Comentarios {0}








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