...entonces es una ligera distorsión (un tiempo determinado. Pero sin haberlo determinado previamente. Lo consideramos determinado sólo al darnos cuenta de lo determinado que era); pudiera ser que la agonía de la bombilla -porque aún no había muerto. Se había ido sí pero aún mantenía uno de sus tubos despidiendo una tenuísima -casi penumbra- luz sobre el árbol de la colcha- fuera símbolo de lo que estaba ocurriendo. Ahí lo relacionás y queda pintiparado. Pudiera ser. No me quejo de mi ignorancia. Mi mente, literariamente, lo une porque como imagen -o sea como generador de un símbolo- era perfecto: una luz tenue que no acaba de morir.
No podía haber ocurrido otro día (es a esto a lo que me refería con el tiempo determinado de más arriba, el que también está escrito en cursiva); es más: cuando fuiste consciente de que el día en el que había surgido esta esperanza era justo este día, no te cupo la menor duda de que no podía haber sido otro y sentiste un escalofrío que recorrió despacio, desde la base del bulbo raquídeo hasta la última de las lumbares, todas y cada una de tus vértebras y ese escalofrío según la sensibilidad de cada vértebra tenía réplicas en otras zonas del cuerpo a ella unida; por ejemplo sintió una réplica de escalofrío en la fosita cística.
Ahora espera la confirmación. Si fuera...
No podía haber ocurrido otro día (es a esto a lo que me refería con el tiempo determinado de más arriba, el que también está escrito en cursiva); es más: cuando fuiste consciente de que el día en el que había surgido esta esperanza era justo este día, no te cupo la menor duda de que no podía haber sido otro y sentiste un escalofrío que recorrió despacio, desde la base del bulbo raquídeo hasta la última de las lumbares, todas y cada una de tus vértebras y ese escalofrío según la sensibilidad de cada vértebra tenía réplicas en otras zonas del cuerpo a ella unida; por ejemplo sintió una réplica de escalofrío en la fosita cística.
Ahora espera la confirmación. Si fuera...
Nieve como filo de navaja
bajo la suela
Nadie en las laderas
Dime tu voz entre aquellos destellos malvas
y vuelve luego, ahogada,
¡Oh, eterna Ofelia mal amada!
Nieve que es hielo si se pisa
Nieve que ciega si se mira
Así te recuerdo
cuando paseas por la ciudad de Cervantes
como antes paseaste por mis alamedas
Llueve blanco
El viento sacude mi ira
Supuran por mi herida
océanos, pus, enredaderas
Golpeado el hombro
forzado el costado
gemí un dolor mundano
La tarde cayó sobre mí
y en mi frente posó
el final del fin
Nieve como filo de navaja
bajo la suela
Nadie en las laderas
bajo la suela
Nadie en las laderas
Dime tu voz entre aquellos destellos malvas
y vuelve luego, ahogada,
¡Oh, eterna Ofelia mal amada!
Nieve que es hielo si se pisa
Nieve que ciega si se mira
Así te recuerdo
cuando paseas por la ciudad de Cervantes
como antes paseaste por mis alamedas
Llueve blanco
El viento sacude mi ira
Supuran por mi herida
océanos, pus, enredaderas
Golpeado el hombro
forzado el costado
gemí un dolor mundano
La tarde cayó sobre mí
y en mi frente posó
el final del fin
Nieve como filo de navaja
bajo la suela
Nadie en las laderas
Fragmento del tomo IV de la Historia de la Literatura Española de Juan Luis Alborg
Ars Poetica del preceptista alemán Johann Christoph Gottsched de 1730
El poeta debe escoger primeramente el precepto moral que desea inculcar a sus lectores. Después inventa un argumento para demostrar la verdad de su precepto. Luego busca en la Historia personajes famosos a quienes haya sucedido algo semejante y de ellos toma los nombres para los personajes de su obra con el fin de darle semejanza de realidad. A continuación busca las circunstancias concomitantes para hacer verosímil el argumento principal, las cuales reciben el nombre de episodios. Divide todo esto en cinco partes, de parecida longitud y las organiza de forma que cada una continúe la precedente; pero no debe importarle demasiado que todo esté de acuerdo con la historia verdadera ni cuáles sean los nombres de los personajes secundarios. nota a la receta de Gottsched de Juan Luis Alborg
Apéndice II La muerte voluntaria en la mitología de Grecia y Roma.
Semper Dolens. Historia del Suicidio en Occidente. Ramón Andrés. Editado por Acantilado.
Fragmento (pag. 453)
La pasión amorosa es la desesperada persecución de un fin, pero sobre todo la búsqueda de una recompensa, el encubrimiento de una necesidad impuesta por Eros y una senda para llegar a una realidad mejor. La idea del amor supone pensarnos fuera de lo que somos; la suya es una proyección idealizada de nosotros mismos y, por encima de todo, la expectativa de acabar con el mundo personal que es visto siempre como algo insuficiente. Se trata de un anhelo de desaparición en el otro, de un voluntario sometimiento del cual, en un momento u otro, nos vengaremos.
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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/02/2017 a las 20:23 |