Elevado sobre un promontorio, a contraluz del sol, se erguía la figura del prócer. Algunos de nosotros ya sabíamos. Algunos de nosotros habíamos crecido cerca de él. Siempre fue un estúpido. Desde muy niño. Esa es la lección que se aprende en la vida -si está de la vida que aprendas la lección- y que es: el poder es el enemigo natural de la inteligencia. Por lo tanto todo prócer es su enemigo natural siendo como es el prócer quintaesencia de los valores de una sociedad humana.
Nosotros lo sabíamos y antes que nosotros las generaciones anteriores y a través de ellas -como río subterráneo que de vez en cuando, ojos del Guadiana, se deja ver y navega un trecho de su cauce al aire libre entre lomas y campos de olivos por donde las liebres campan a su anchas y el corzo se mueve ágil y pace y palmea la avutarda las aguas de la charca y brinca el saltamontes y crece la manzanilla y repta la culebra que encarna en su piel la regeneración cíclica del mundo- fuimos creando ese contrapoder sin peso y con voz que llamamos genéricamente sociedad civil y cuyas agrupaciones son las encargadas de gritar, de vez en cuando, semejantes obviedades.
También sabemos -porque somos ingenuas lo sabemos- que tenemos la batalla perdida; que desde que la agricultura conquistó el mundo y se hicieron las primeras reservas de alimento, la codicia y la humanidad iban a ser una y la misma cosa.
Ya no temblamos. Miramos al prócer en lo alto de la colina. Él es la personificación de la Acción sobre los Asuntos de la Ciudad. Nosotros somos el contrapoder en la sombra cuya única misión consiste en iluminarlo más y más y más hasta que nos deslumbre de tal forma que nos demos cuenta todos de que lo que quiere es dejarnos ciegos y guiarnos él, único camino de luz; y así, habiendo descubierto a las masas sus intenciones, oponernos y, a base de fuerza como hay que hacer con los seres tozudos y poco inteligentes, torcer su voluntad.
Nuestra arma es la paciencia. La suya el desprecio.
No venceremos. Nuestra obligación es retrasar cuanto sea posible la derrota.
Charles, Patricia, Isabel, Jiddu, la noche que se ha puesto caliente y la luna que está llena y quisiera también ella; la luna, el dios-Toro; recorro, Innana, Fuencisla, Eduardo, Manuel, Carlos, Italo, Pietro, Henrik; la duda, mirarse, la nadería que debe de ser en el fondo vivir para miles de millones de individuos, la masa, sus nombres, los nombres de las calles, aquéllos que merecieron el recuerdo en las ciudades María, Luis, Elias, Jezabel, Hortensia, Adela, Beatriz, Santiago, Dollymantel, Usnavy, Abderraman, Javier, manchas que se extienden a cámara lenta por todo el espacio y lo van cubriendo de nombres que se escuchan a lo largo de los eones y que llegan hasta la galaxias rojas las más alejadas del espectro, las que no nos ven, Magdalena, Macaria, Margarita, Etelvina, Eliane, Andrea las plazas amarillentas, las huellas que se dejaron por allí, las huellas, el dios-Toro, Innana, la ruleta de la vida, Olga, Ascen, Marisol, Adolfo, Joaquín, Miguel, José Luis, la pequeña, la escuela una tarde de lluvia en blanco y negro, salpica el frío por la mañana, vivo en una comunidad de humanos, más bien molesto, Julián, Ascensión, Laura, Rocío, Belén, Carlos, tan lejos y tan cerca, en esta noche que ya no arde tanto, sometido, Hipólito, Cayo, Helena, Ariadna, Berenice, Paloma, Isabel, François, John, Fernanda, Mary, Christine, Pascale, Marisa, Paca ¡qué largo el vacío que me espera! ¡ya no más memorias volanderas! Los nombres, desdibujados como si se fueran borrando a la velocidad de una noche de invierno, o se fueran alejando, a los lados, en la noche fría, hileras de castaños Juana Teresa, Rafael, Thomas, Mikla, Osamu, Fausto se mezclan las sustancias, serán evaporadas.
Ensayo poético
Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/07/2026 a las 00:21 |211.- La Libertad se debería de enseñar en las escuelas.
Ensayo
Tags : Reflexiones para antes de morir Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/07/2026 a las 18:35 |Sobre este espacio y en este tiempo
Sobre esta destrucción que llena el aire
de efectos de luz crueles y piadosos
Sobre las huellas de nuestros antepasados
los más lejanos
los que no eran exactamente nosotros
Consciente de que habito en una encrucijada
y de que por lo tanto las gentes se cruzarán
en distintas direcciones
sobre estos presupuestos -escribo-
y con esta conciencia aparente,
siento que el mundo se incendia conscientemente
Que los árboles están hasta las copas de ser papel
Que los pájaros no quieren ser más blancos
Que las aguas majestuosas de los océanos
se niegan a ser mecedoras solícitas de los humanos
Que las montañas se calentaron para que la nieve
al llegar a sus regazos se derritiera
hartas ya del desliz de los esquís por sus laderas
Que las grutas se hicieron más chicas
Que los páramos se rodearon de fuego
y las tundras se volvieron grises
como burócratas de medio pelo
Que las arenas de las calas se volvieran púas
no fue idea de un dios vengador
sino de una invasión de organismos
que se habían quedado sin depredador
Sobre estas murallas naturales
apesadumbrado por el llanto de un alcalde
que ha visto desaparecer su paisaje
devorado por las hijas del Sol
En estos últimos años
descubierta la tramoya del teatro
voy volviendo a la niñez
cuando reír y llorar se alternaban en un continuo
obra de la voluntad de un diosecillo
Sobre estas tragedias planetarias
sobre los naranjos
sobre los arces japoneses mal plantados en una tierra extraña
El gazpacho es una sopa fría. Con gazpacho nada serio parece poder ser comparado, La rodocrosita rosa con un tono semejante al del gazpacho... ¿no pierde de inmediato el color de la piedra su belleza, incluso la elegancia rococó de su nombre, al compararla con este bebible de verduras?
¿Y qué decir de sus rimas, gazpacho y bombacho; gazpacho y populacho; gazpacho y cacho; gazpacho y borracho; gazpacho y antedespacho; gazpacho y lapacho?
¿Cuántas veces la suerte de una palabra depende de su sonido? ¿Cuántas la vida de un hombre depende de su nombre? Y aún así, muchas veces ¡tantas veces! son ambiguos los sonidos. ¿Quién no ha conocido a un Torcuato sencillo y no retorcido? ¿Quién sabe si un triste Pérez no encubre bajo su humilde ser hijo de Pero a un fiero y melancólico Lancelot.
El gazpacho es una sopa fría.
Dentro de poco habrá un eclipse absoluto que podré ver completo desde el jardín de mi casa. ¡Qué serio el sonido eclipse! Con ese sonido bien que se puede escribir un melodrama de los que tanto gustan ahora, de ésos que tienen que empezar in media res.
El gazpacho es feliz. Nunca se olviden.
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Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/08/2026 a las 13:01 |